Uno de los herederos de la biblioteca personal del Gabo

Uno de los herederos de la biblioteca personal del Gabo: “¿Quién con quinto de primaria y vendedor de agua iba a tener las relaciones que yo he tenido?”

Por Vanesa Baerga

Cuando Gabriel García Márquez vio a Martín con su carreta de libros se le acercó y le dijo “pero qué cosa macondiana esa”. Martín recorre toda Colombia con su carreta de libros que monta y desmonta en cada viaje que da. De ser vendedor ambulante de refrescos y agua en las plazas del Centro Histórico de Cartagena de Indias en el Caribe colombiano, donde hay una costumbre de carretas que venden de todo; ensaladas de frutas tropicales frescas, batidas, jugos naturales y demás artículos, ahora Martín es un agente cultural reconocido en el área y el heredero de alrededor de 300 libros que le pertenecían a la biblioteca personal del fenecido Nobel de Literatura colombiano.

Me encontré a Martín Murillo Gómez, de 47 años – me pide que añada el segundo apellido porque tiene madre, aclara – en Mompox, pueblo ubicado en la ribera del Río Magdalena a donde llegó a trabajar con su carreta de libros luego de un recorrido de seis días, desde un martes a un lunes de noviembre, por varios pueblos del área. El calor en la depresión momposina es sofocante así que esperó a que atardeciera y refrescara el día para montar su carreta en la Plaza de la Albarrada. Mompox era su última parada. Esa semana el recorrido incluyó San Juan de Nepomuceno, Santa Rosa del Sur, el Peñón, hasta llegar a Santa Cruz de Mompox, pueblo colonial declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

A Martín siempre le apasionó la lectura a pesar de haber estudiado sólo hasta quinto grado. Leía todo lo que encontraba, principalmente periódicos y revistas, las que les pedía a sus amigos que le enviaran de otras ciudades para él enterarse lo que pasaba más allá de su entorno. Pero fue al culminar el 4to. Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) celebrado en la ciudad de Cartagena en marzo de 2007, y dedicado a García Márquez, que su vida cambió radicalmente. Fue en ese Congreso qué él vio desfilar por el centro histórico de la ciudad a personalidades de la cultura, escritores y académicos nacionales e internacionales, y eso fue un momento decisivo para emprender un proyecto cultural y pedagógico innovador.

La carreta de Cartagena

La carreta de Cartagena, su proyecto cultural, tiene como propósito promocionar la lectura en niños de 1 a 99 años, dice. “Leerles a los niños es como enseñarles televisión en tiempo real”, dice Martín, quien percibe el interés de los más pequeños en su proyecto y en la lectura. “Los niños no están acostumbrados a que alguien les lea, así que trato de mantenerlos interesados cuando les leo.” Su trabajo consiste en recorrer pueblos, escuelas, organizaciones y festivales con su carreta llena de libros para promover la lectura, leyéndole al público en voz alta o simplemente prestando libros para que las personas se sienten a leerlos, y además generar interés sobre diferentes temas.

Martín carga en su carreta unos 200 libros que él escoge minuciosamente de la biblioteca que tiene en su casa, la cual incluye alrededor de 10,000 libros, dependiendo de la actividad a la que va, e intenta siempre tener disponible algo de poesía, cuentos y novelas, especialmente para el público infantil y juvenil. Son varias las organizaciones que auspician su proyecto cultural, entre ellas la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).

La carreta cambió su vida

“La carreta cambió mi vida totalmente. ¿Quién con quinto de primaria y vendedor de agua iba a tener las relaciones que yo he tenido?,” se pregunta Martín, quien a través de La Carreta de Cartagena ha conocido a Gabriel García Márquez, José Saramago, Mario Vargas Llosa y Bill Clinton en Cartagena. Recuerda que García Márquez, Saramago y Vargas Llosa eran muy curiosos y siempre le preguntaban de todo. Una de las preguntas que le hizo el Nobel de Literatura colombiano fue si era feliz y eso caló hondo. Durante unos veinte años fue vendedor ambulante y la idea de dedicarse a algo que lo hiciera feliz cada vez latía más fuerte en él.

“Sentía que no era un hombre útil a la sociedad, pero ya no, ahora me puedo morir tranquilo,” asegura Martín, para quien sus libros favoritos son  El hombre duplicado de José Saramago y El viejo y el mar de Ernest Hemingway, éste último porque “es un viejo que es pobre pero que no tranza su honestidad con nada, que tiene un objetivo y que va a cumplir ese objetivo con la adversidad, no contra la adversidad.”  

Este promotor cultural es natural del pueblo de Quibdó en el departamento de Chocó, departamento que queda en la frontera con Panamá y uno de los más pobres del país y con niveles de analfabetismo más alto del país sudamericano. Martín ha viajado por toda Colombia junto a su carreta pero durante 15 años no visitó su pueblo natal. No fue sino hasta este pasado diciembre de 2015 que, con su carreta, finalmente regresó a su Quibdó natal.

“¿Por qué esperaste tanto para regresar a tu pueblo natal?”, le pregunto. “Es que es un pueblo políticamente destrozado. Sus dirigentes son muy corruptos y eso hace que me desmotive.”

Sus antiguos colegas, vendedores ambulantes en el centro histórico de Cartagena, han visto la evolución de Martín, quien se ha convertido en su ejemplo. Además, su  proyecto de la carreta ha ganado adeptos en el mundo literario como los escritores Salman Rushdie, Jon Lee Anderson, Miguel Ángel Basternier, Alberto Salcedo Ramos, Laura Restrepo y la puertorriqueña Mayra Santos Febres.

  Una de las cosas que más le gusta de su trabajo es que tiene movilidad. Martín y yo tomamos el mismo autobús de Mompox a Cartagena y ya al otro día en la noche se iba con su carreta a promover la lectura en La Alta Guajira, el departamento más pobre de Colombia con una tasa de 36.5 por ciento de analfabetismo, según el Ministerio de Educación colombiano.

Martín ha visitado con su carreta de libros México, Argentina, Venezuela, España y Panamá. Estos viajes le han dado más visibilidad a su proyecto, explica este chocoano autodidacta que aspira a que La carreta sea un proyecto mundial y que surjan más carretas literarias en todos los rincones, además que motive a más jóvenes a leer.

Para conocer más acerca del proyecto de Martín o contactarlo pueden seguir en las redes sociales a “La carreta literaria leamos” donde procura mantenerse activo pues considera que las nuevas tecnologías le han ayudado para dar a conocer su proyecto a un público amplio.

*Vanesa Baerga fue una de las Becarias de la Beca de Periodismo Cultural Gabriel García Márquez 2015 de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).

*Artículo previamente publicado en El Nuevo Día.


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