El blues de J.B. Lenoir

Por Erika Doyle

Traducido por Claudia Giribaldi, texto originalmente en inglés. 

En Monticello, Mississippi, nació una estrella, donde las plantaciones de algodón se mueven de un lado al otro y los hombres del pueblo cantan desde el amanecer hasta el anochecer (comunicando unos ritmos improvisados).

“Rio de Jordan, estoy destinado a ir

Destinado a ir, destinado a ir

Rio de Jordan, estoy destinado a ir

Y dales mi despedida”

¿Quién va a conseguir suficiente dinero para comprarles un whiskey a sus amigos antes de irse a su casa? J.B. Lenoir y su boogie-woogie (tatuado en el  alma, de vez en  cuando frecuentaba la vida nocturna de Nueva Orleans del 1945) llegaron a Chicago a comienzos de los cincuenta donde Big Billie Broonzy lo introdujo a la comunidad del blues de Chicago.

Lenoir era un showman.

Creando su fama como cantautor y hombre de blues, con una evidente conciencia política, J.B. resaltaba su estilo único como artista.  

Vistiéndose con pantalones de diseño de zebra  y

Cantando con el tono de su voz aguda.

Era común que la gente confundiera su voz con la de una mujer.  

Él tenía problemas financieros, manejando su carrera como músico con trabajos erráticos durante el día.  Él compartía su pasión por la música con otros músicos locales de esos tiempos como Willie Dixon y Fred Below, Sunnyland Slim, Muddy Waters, entre otros, con quienes grabó discos controversiales como Alabama Blues (1965) y Down In Mississipi (1966);

“Nunca regresaré a Alabama, no es un lugar para mí

Nunca regresaré a Alabama, no es un lugar para mí

Tú sabes que mataron a mi hermana y hermano

Y todo el mundo los dejó irse libres.”

El hace un comentario sobre derechos civiles resaltando la semejanza con Martin Luther King Jr., que no es ajeno a la controversia, cuando escribió la canción Eisenhower’s Blues que habla sobre el estado de la economía,

“No tengo ni un centavo, no tengo ni un centavito

No tengo dinero, ni para pagar mi alquiler

Mi bebé necesita algo de ropa y zapatos

Gente, no sé lo que es, lo voy a hacer

Mm mm mm, Tengo mi Eisenhower blues”

La compañía disquera lo forzó a cambiar después el título del disco a Taxpayer’s blues. El Blues de Vietnam era otra de sus composiciones controversiales que contaba la historia estadounidense desde la perspectiva de un activista contra la guerra. J.B. sabía que un cambio tenía que llegar.

Él sabía que un cambio iba a llegar.

Su tono de voz alta gritaba por un cambio,

“Vietnam Vietnam, todos gritando sobre Vietnam”

Ofreciendo palabras simples y con un gran significado, J.B. entendió su destino siendo un hombre en la pobreza, un pobre de Mississippi y concibió que tan difícil sería seguir adelante como tal. Él sabía cómo era ser tratado como un perro.

Pero él cantaba,

“Mundo, no sé,

Mi gente de aquí y no me importa a donde voy”

En 1965, una pareja sueca con el apellido de Seaberg visitaron Chicago y estaban entusiasmados por escuchar un buen blues. Se fueron a la disquería de Bob Koester, Jazz Record Mart,  sobre la avenida Grand y preguntaron dónde podían ir a escuchar blues. Un pianista conocido como Roosevelt Sykes tenía programada una fiesta para financiar  su alquiler en el sur de la ciudad y en esta fiesta el destino los cruzó con  el hombre blusero en un tuxedo de zebra.

Era J.B.

Los Seabergs congeniaron de inmediato con J.B. y quedaron impactados con su estilo, siguiéndolo por todos lados al estar en Chicago. Cuando lo vieron en un programa de televisión junto a Willie Dixon acompañado de un coro evangelista, quedaron marcados e inspirados.

Los Seabergs sabían que ellos podían hacer un mejor trabajo capturando su talento en una película.

Entonces lo filmaron

Con su traje de Zebra

Pero los ojos grandes y la sonrisa de J.B. nunca fueron vistos en una televisión sueca.

Las películas fueron repudiadas por carecer de buena calidad.

Esa fue la suerte de J.B. Lenoir durante su vida como hombre del blues.

Hasta que la película de los Seabergs fue rescatada cuarenta años después para el documental sobre la breve vida de J.B., guardada en la casa de los Seaberg, acumulándose de polvo.

Como todo hombre del blues moderno de su época, J.B. contaba con talento pero requería de suerte, por lo tanto sustentarse era todo un reto. Su música fue respetada en Europa y ha influenciado a diversos artistas del extranjero pero en Chicago,  él solo era otro hombre negro y pobre. La pobreza lo empujó a dejar Chicago por Champaign en Illinois, en donde se desempeñó como lavavajillas para solventar sus gastos.

Una noche, J.B, fue víctima de un trágico accidente automovilístico. El mismo, le quitó la vida en uno de  los hospitales de Champaign,  en donde fue maltratado por ser afroamericano.

La comunidad blusera lloró la muerte de un artista tan brillante como lo fue él. Su legado y el talento irremplazable de J.B. causaron una grieta que repercutió  hasta Europa.

      Donde el blues británico del artista John Mayall pagó un tributo a J.B. con la canción, La muerte de J.B. Lenoir:

Un auto mató a un amigo en Chicago a mil millas de distancia

Un auto mató a un amigo en Chicago a mil millas de distancia

Cuando escuché las noticias, la noche vino temprano en mi día

      

Este poema ha sido escrito y publicado originalmente en inglés en Mural Magazine (Invierno 2016).  Pueden visitarla en el siguiente enlace: https://issuu.com/muralmagazine/docs/muralinvierno2016

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