2016: un año de locura colectiva

Artículo de opinión por Maritza Buendía

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Nos acercamos al final de un año donde reinó la falta de sentido común, la incoherencia y la poca cordura. Una oda total a la insensatez. Ojalá pudiéramos simplemente decir «¡hasta nunca 2016!» y despedirlo con globos y confeti y olvidarnos del asunto; comenzar de nuevo en el 2017 y enmendar nuestros errores. Sin embargo, sabemos muy bien que las consecuencias de las locuras del 2016 sólo empezarán a vislumbrarse en el 2017 y las sufriremos en años venideros, aunque el régimen del monstruo del peluquín no dure más de cuatro años.

El poco progreso que creíamos haber logrado con respecto a los derechos humanos, igualdad de género, libertad de expresión, protección del medio ambiente y la paz mundial —un concepto relativo que depende tanto de dónde hayamos tenido la suerte de nacer— entre muchos otros, se ven ahora amenazados con el triunfo del populismo, fascismo, racismo, nacionalismo y todos los «ismos» de aspecto negativo que se puedan imaginar. Parece que no aprendemos de la historia o que las conductas irracionales y violentas son tan intrínsecamente humanas (El señor de las moscas) que estamos destinados a cometer irremediablemente los mismos errores.

¿Cómo se puede explicar entonces que un país tan «civilizado» como la Gran Bretaña, prefiera dejar los beneficios económicos y sociales que le brindaba la Unión Europea, esencialmente por el miedo (odio) a los refugiados, inmigrantes y las gentes de otras razas? ¿Que los colombianos le digan no al referendo de la paz después de más de 50 años de conflicto por apoyar a un demagogo con sed de poder inmensurable y por un miedo irracional al cambio cuando no existen pruebas ni razones que justifiquen los temores de caer en un régimen de izquierda comunista («Castro-chavismo» como lo llaman allá)?, ¿Y que el «líder» del mundo libre elija como presidente a un hombre tan mal preparado y de carácter tan volátil, grosero, megalómano, egocéntrico y profundamente fallido? Las repercusiones de esta falta imperdonable rebotarán más allá de nuestras fronteras y al final ni América será grande de nuevo (¿cuándo lo fue?) ni los incautos que lo apoyaron, no tanto deplorables, verán el regreso de la industria del carbón ni de sus empleos, sino más bien el resurgimiento de la supremacía blanca (ahora con otro nombre) que la historia ha visto activarse en épocas pasadas con nefastas consecuencias. Estos son sólo tres casos cercanos que ilustran la locura del 2016 y se avistan otros para Europa con el auge de la ultraderecha.

¿Y qué puede hacer la mayoría que votó por evitar este descenso? —porque fue la gran mayoría la que le dijo no a semejante prospecto para los Estados Unidos. Pues, seguir vigilantes, no dejarnos apabullar por este gran revés, apoyar a las voces racionales y a las organizaciones sociales que trabajan por causas nobles y justas y por el bien comunitario. No hay receta ni formula que pueda prepararnos para el vendaval que se aproxima. Los que querían el cambio porque sí, porque «que pereza otra vez elegir a los mismos de siempre», lo verán realizado. Esperemos que el sentido común triunfe de nuevo en el futuro y que nos demos cuenta que cambiar por cambiar es algo absurdo; que saltar al vacío con los ojos cerrados es de cosa de locos. Mientras tanto, hay que marcar la diferencia. Saber discernir entre tanta noticia falsa, especulación y propaganda no va a ser fácil, pero no podemos quedarnos callados ante la injusticia social.

Muchos otros acontecimientos vergonzosos, imposibles de enumerarlos todos, también dieron forma a este año irreverente: la guerra y el éxodo de los refugiados de Sira, los atentados de Niza en Francia, el incremento de la violencia con armas de fuego en los Estados Unidos, etcétera. ¿Y qué voy a extrañar del 2016? Sin pretender ni enmascarar mi orientación ideológica ni mucho menos encubrir los errores cometidos, creo voy a extrañar tener un presidente culto y coherente (al César lo que es del César), un país que declara legal el matrimonio homosexual, un país que por primera vez elige a una mujer como candidato a la presidencia y que abre el diálogo con Cuba después de medio siglo, entre otros.

En el 2016 fallecieron Prince, David Bowie, Juan Gabriel y hasta el imbatible Fidel Castro; y lastimosamente también murieron 71 futbolistas brasileños en un accidente aéreo, cuya causa apunta a volar sin el combustible necesario: ¡desgarrador e imperdonable! En el 2016 le dieron el Nobel de Literatura a Bob Dylan, pero poco le importó; y lo más extraordinario, aunque quizá lo más banal de todo, los Cachorros de Chicago ganaron la Serie Mundial de Béisbol después de 108 años de espera.

¡Hasta nunca 2016! Quedarás grabado en la historia como el año que sufrimos de locura colectiva. Porque hasta los menos locos se ven afectados por tantas burradas que pasan. Ojalá que no nos pase lo de Lucas y Chaparrón Bonaparte —«¿Sabías que la gente sigue diciendo que tú y yo estamos locos, Lucas?»— ¡y que nos chiflemos todos!

 

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