Trump o Drumpf, una opción descabellada

Por Maritza Buendía

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Muchos de los habitantes de este país contemplamos con perplejidad la posibilidad de que un individuo de la calaña del Sr. Trump (racista, megalómano y prepotente) pueda asumir la presidencia de los Estados Unidos en noviembre. El sólo hecho de que forme parte del grupo de aspirantes al cargo más importante del país es inquietante. ¿Qué estará pensando la comunidad internacional de esta locura temporal de la que parecen ser víctimas ciertos sectores de nuestra población? Este circo político se asemeja a los programas de telerrealidad, que a pesar de que son de baja calidad y que siempre resultan ser una farsa, mantienen adictos a su audiencia que hipnotizada y sumida en estupor no se da cuenta de que le han robado el tiempo y con éste más de una neurona.

El Sr. Trump explota los miedos, las inseguridades y los prejuicios de muchos con su plataforma electoral que incuba extremismos, intolerancia y agresiones.  De forma magistral despliega sus dotes de hombre del espectáculo y de bufón mediocre con un ego descomunal que supera a cualquiera de sus torres. ¡Qué vergüenza!  Y si la pesadilla se hace realidad, lo pagaremos todos. La gran América, como la llama él, será una muy distinta a la que imaginaron los Padres Fundadores que en la Declaración de Independencia proclamaban: «Todos los hombres son creados iguales y dotados de derechos inalienables de libertad  y de la búsqueda de la felicidad». Si sucede lo impensable, ¿a qué se atrevería este ególatra en contra de nuestra Constitución?  Su retórica racista y xenofóbica ya habla de construir un muro, negar acceso al país a musulmanes, deportar a millones de personas y otras sandeces. ¡Qué personaje más indigno de ser nuestro comandante en jefe!

No quiero tampoco ni es mi propósito respaldar a ningún otro candidato, eso no viene al caso aquí. El tema que cuestiono es cómo una opción tan descabellada, como este candidato, se encuentra a las puertas de la nominación de su partido. Parece que hemos perdido la razón y el sentido común como nación. ¿Hasta dónde puede llegar el populismo? Espero que el resultado de las primarias de nominación sea desfavorable para el millonario excéntrico por el bien de su partido y el de todos. Y a los habitantes del país que todavía nos queda algo de sentido común, no olvidemos que nuestro voto vale y que es imperativo elegir a alguien que trabaje para proteger los derechos de todos sin importar: género, raza, religión, procedencia, idioma, clase social, discapacidad física o mental, preferencia sexual, creencias, etcétera.

Por último, cabe señalar que la situación que estamos viviendo en este país sirve para desmitificar la presunción de que somos un país avanzado y sofisticado. Aquí, como en todo el mundo, existen muchas personas que se dejan deslumbrar por apariencias, falsos oropeles y promesas vacías. Estos individuos que carecen de discernimiento son presa fácil de la demagogia. Unámonos entonces a las voces moderadas. ¡Ojo, hermano hispano! Póngale atención a lo que está pasando y a votar si puede; si no, se nos posesiona esta «lumbrera».

 

 

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